Cada vez más personas comparten la misma sensación: se levantan cansadas, dependen del café para arrancar y, a lo largo del día, viven en una montaña rusa de energía. Momentos de activación seguidos de bajones, fatiga mental, dificultad para concentrarse… y la sensación constante de “no llegar”. Pero aquí viene la pregunta importante: ¿y si el problema no fuera la falta de energía, sino cómo la estás produciendo?